Maruja , esa gran mujer, que dedicó toda su vida al colegio y a su familia; nos ha dejado.
Ya está en los brazos de la Virgen disfrutando de la Vida eterna.
Todos tenemos una existencia y un amor que dar, y ella así lo hizo con nosotros, siendo en su trabajo la que recibía todos los días a los alumnos a su llegada al colegio.
Con su saludo alegre y despreocupado hacía que el niño viniera a gusto y que los padres se fueran tranquilos porque se quedaban “ en buenas manos “.
Su misión en el colegio ha sido bien recordada por todos:
– Su acompañar a los más pequeños a las aulas , calmando los primeros llantos.
-Su auxilio y tranquilidad cuando se caían un porrazo, diciéndoles: “ échate agüica, que eso no es nada.”
-Su atención hacia todos era muy recompensada y en Navidad la llenaban de regalos, como los antiguos guardias de tráfico en Noche buena.
Nunca perdía el tiempo, hacía unas labores de molde preciosas y nos enseñaba a los demás con paciencia y amabilidad.
De los muchos momentos vividos con ella, recuerdo que por su portería hemos pasado todos buscando ese traguico de agua del botijo,fresquica, que siempre tenía y estar con ella ese ratico de frescor y descanso en medio de nuestras tareas en el colegio.
Ha sido para El Buen Pastor, uno de los puntales desde su comienzo, al transmitir a los niños y a las familias esa sensación de paz y confianza que proporciona el trabajo bien hecho de todos sus profesores.
Maruja, te guardaremos en nuestro corazón para siempre.
Te queremos.